Estados Unidos y el despertar hacia un Congreso dividido.

La creciente división de la sociedad estadounidense tuvo su reflejo en unas elecciones de medio término de resultados mixtos, a raíz de las cuales las dos Cámaras del Congreso estarán controladas por partidos diferentes.

La polarización que ha caracterizado al país desde la llegada al poder de su presidente, el republicano Donald Trump, no se expresaba en la correlación de fuerzas políticas, pues el partido del mandatario controla no solo la Casa Blanca, sino también el Senado y la Cámara de Representantes.

Eso cambiará en enero próximo: por primera vez desde el inicio de su administración en 2017 el gobernante deberá lidiar con un legislativo en el que la Cámara baja estará en poder del Partido Demócrata, una formación a la que Trump tilda continuamente de obstruccionista por la oposición a muchos puntos de su agenda.

Los miembros de la fuerza azul consiguieron su propósito de hacerse con el control de esa instancia del Capitolio, desde la cual podrán promover con más fuerza sus políticas o enfrentarse a las del jefe de Estado.

Al mismo tiempo, tendrán en sus manos la posibilidad de guiar investigaciones sobre temas espinosos como la presunta complicidad entre la campaña presidencial de Trump y Rusia en 2016, o sobre las declaraciones de impuestos del presidente, al tiempo que estarán en posición de promover un juicio político en su contra.

Pero a pesar de ese resultado, no puede decirse que los comicios de este martes hayan sido del todo un éxito demócrata o una derrota republicana, pues el jefe de la Casa Blanca logró triunfos importantes que lo favorecerán tanto ahora como de cara a su campaña de reelección en 2020.

A las 05:00 hora local de este miércoles, en Washington DC, los miembros de la fuerza azul habían sumado 222 escaños en la Cámara baja de 435 miembros, gracias a 28 asientos que lograron arrebatarle a la formación roja, y tenían posibilidades de ampliar esa ventaja en distritos que aún no estaban definidos.

Sin embargo, ese buen desempeño tuvo su reverso en el Senado, donde la fuerza política de Trump consiguió ampliar la ventaja de 51-49 que tiene en la actualidad al hacerse con tres puestos de la Cámara alta que en este momento están en posesión de los republicanos.

Dado que de los demócratas defendían la mayoría de los 35 escaños del Senado sometidos a votación en estos comicios, se esperaba que los republicanos mantuvieran su superioridad en esa instancia, pero el resultado final puede verse como por debajo de lo que aspiraba la formación azul.

Los candidatos del partido de Trump lograron imponerse a senadores demócratas en Indiana, Missouri y Dakota del Norte, precisamente estados donde el presidente desplegó una gran campaña para impulsar a los aspirantes de su fuerza política.

El Partido Republicano podría sumar, además, éxitos en Florida, Montana y Arizona, cada uno de ellos con carreras muy cerradas que todavía no se han definido, pero que se inclinan hacia esa formación, así como en Mississippi, donde deberá realizarse una segunda vuelta el 27 de noviembre.

Con tal balance en ese órgano, al mandatario le será mucho más fácil aprobar cargos federales, incluyendo jueces conservadores que resultan muy atractivos para su base electoral.

Es por eso que se habla de desenlaces mixtos en unas elecciones que fueron vistas, también, como un referendo acerca de la gestión del jefe de la Casa Blanca, quien tuvo una implicación muy activa en el proceso previo a los comicios.

Una buena noticia para el gobernante es que muchos de los candidatos más respaldados por él obtuvieron victorias importantes, en tanto miembros de la fuerza roja que pretendieron distanciarse de su mensaje resultaron derrotados por los demócratas.

En tanto, como aspecto negativo para sus aspiraciones de reelección puede mencionarse que se confirmó el modo en que pierde apoyo en distritos suburbanos que contribuyeron a llevarlo a la Casa Blanca en las presidenciales de 2016.

De cualquier forma, estas elecciones borraron la idea de una supuesta ‘ola azul’ en la que los demócratas ganarían mucho terreno sobre la base del alto nivel de desaprobación de Trump, pues sus triunfos no fueron en ningún caso tan contundentes como para merecer tal calificativo.

‘Si alguien de la izquierda todavía creía que la victoria de Trump en 2016 fue una casualidad, o que sería fácilmente derrotado en 2020, los votantes dispararon un tiro de advertencia el martes’, consideró el portal digital The Hill.

Más allá de todas esas interpretaciones, lo cierto es que Estados Unidos despierta hoy con la certeza de un próximo Legislativo que ya no estará bajo el dominio de un solo partido.

La televisora CBS News estimó que ante esta nueva situación en el Congreso, el presidente se verá obligado a trabajar más estrechamente con los demócratas o a recurrir con mayor frecuencia a las órdenes ejecutivas, porque, de lo contrario, su agenda simplemente quedará estancada. (PL)

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