Diana Amparo Maldonado Enríquez

Toque de Diana

¿A cuánto el agua?

La realidad ha superado la ficción. El día en el que el agua no sea disponible para todos, a pesar de ser un derecho de todo ser humano, es cada vez más cercano. El pasado 7 de diciembre el agua comenzó a cotizarse (al igual que el maíz, el petróleo y otras materias primas) en el mercado de futuros ¿esto significa que comenzaremos a pagar más por acceso al agua?

No. El mercado de futuros es una “tienda” que le permite a compradores y vendedores pactar la compra-venta futura de un bien a un precio fijado en el presente. Por ejemplo, si el precio del petróleo varía mucho de un día a otro, el comprador se preocupará que suba demasiado cuando necesite comprarlo y el vendedor se preocupará que baje demasiado cuando necesite venderlo. Por ello ambas partes llegan a un acuerdo sobre el precio al que se habrá de realizar la transacción.

En el caso del agua ocurre algo similar. Debido a la escasez del recurso, las empresas y gobiernos destinan cada vez más recursos para aprovechar la cantidad de agua disponible. En este entendido se busca compensar la “pérdida de agua” con seguros financieros que provean a empresas y gobiernos de mayores recursos para maximizar el recurso del cual sí disponen. 

Aunque por lo pronto esta situación solamente se presenta en el estado de California en EE.UU. (la quinta economía mundial), pone de relieve distintos puntos de análisis. Por una parte, la desigualdad de acceso al mercado tanto para empresas pequeñas como para gobiernos con poca solvencia financiera. En el caso de las empresas las llevaría a la quiebra, puesto que al no disponer de la materia prima no podrían producir y por ende no venderían ni obtendrían ganancias; para los gobiernos significaría una limitante en la distribución de agua a la población afectando directamente áreas como salud y alimentación.

Por otro lado, se argumenta que el hecho de contar con este recurso en el termómetro financiero ayudará a equilibrar su oferta con la demanda. Es decir, que si el precio es muy alto se supondría un exceso de demanda lo que llevaría a tomar acciones que reduzcan la presión por utilizarlo; por otro lado, un precio bajo indicaría que existe suficiente agua para cubrir las necesidades expresadas por el mercado.

Independientemente de las buenas expectativas de esta medida son dos las principales conclusiones que nos deja este episodio en la historia de la humanidad. El primero, el llamado incluir la lógica ambientalista en toda actividad humana; de acuerdo al Foro Económico Mundial el 36% de la población mundial vive en condiciones de estrés hídrico, ya sea por escasez física del recurso o escasez económica o de infraestructura para acceder al mismo.

Esto último nos conduce a considerar un segundo punto ¿quiénes tienen acceso al agua? De acuerdo a estimaciones del Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social, en 2018 9.1 millones de mexicanos no tenían acceso al agua en sus viviendas. Esto se interpreta como la vulnerabilidad de contraer enfermedades como el COVID19 que requiere de un constante lavado de manos para evitar el contagio. 

Si bien desde la esfera personal y familiar podemos emprender acciones para ahorrar agua en nuestros hogares, un problema de tales dimensiones exige que el actuar de los gobiernos sea responsable para realmente lograr un impacto en esta realidad. Como ciudadanos podemos considerar como prioridad la agenda ambientalista en el siguiente proceso electoral, y sea quien resulte electo, ejercer responsabilidad para presionar por el desarrollo de políticas públicas que eviten que el agua de los mexicanos se discuta en el mercado financiero.

diamalenri@gmail.com

*Licenciada en Economía por la Universidad de Colima