Fernando F. Velasco Villa

Cada lunes desde algún lugar de Jalisco

Alejandro Junco de la Vega

Cuaresma es el tiempo litúrgico en el que los católicos nos preparamos para la Pascua, son 40 días, del Miércoles de Ceniza al Jueves Santo, que nos recuerdan 40 días de diluvio, 40 días del pueblo de Dios en el desierto, 40 días de Moisés en el Monte Sinaí y 40 días de ayuno de Jesús. Durante éstos, no se adorna con flores el altar de las iglesias -salvo en festividades especiales-, en las misas no se cantan el Aleluya, ni el Gloria y se usan ornamentos de color morado; los domingos se denominan del 1º al 5º de Cuaresma y el sexto es el de Ramos. Es tiempo de conversión, de arrepentimiento y de evangelización; de reconciliación con Dios y con el prójimo, que invita a purificación mediante el Sacramento de la Reconciliación y a frecuentar el Sacramento de la Eucaristía; es tiempo de penitencia y conversión en el Señor, culminando con el Sacramento de la Penitencia, como lo mejor para prepararnos para la Pascua.

El licenciado Alejandro Junco de la Vega, presidente del Grupo Reforma, empezó su mensaje a los Consejeros Editoriales 2020, refiriéndose al himno de añoranza, dolor y compromiso, cantado a su patria por esclavos en cautiverio que añoraban libertad, compuesto por Giuseppe Verdi, comentando que pequeños cambios que en su inicio parecían de poca importancia, se van sumando, y generan grandes transformaciones; y que por ejemplo, hoy los venezolanos pagan con sufrimiento, desorden, desabasto y pobreza, la pérdida de su libertad, pueblo en penuria y generales en abundancia. En estos momentos, ¿qué pequeños procesos se están diseñando, que sorprenderán con grandes transformaciones?

Podría adoptarse el himno de Verdi, si la libertad de asociarse fuera satanizada; si se perdiera libertad de acceder a la salud al imponerse un sistema centralizado, donde primero se atiende a los miembros de cierto partido; se perdería la libertad de que nuestros hijos reciban clases de los mejores maestros, si se privilegian las canonjías sindicales; se perdería libertad de presunción de inocencia, al equiparar legalmente un error administrativo, con delitos del crimen organizado; si las autoridades condenaran a quien los cuestionan; si el Poder Legislativo fuera sólo una oficina para tramitar órdenes del Ejecutivo; si las decisiones públicas relevantes se tomaran en mítines políticos, a mano alzada, o en consultas a modo, en lugar de considerar lo técnica y económicamente viable.

Perderían los consumidores libertad de elegir, al obstaculizar a competidores de gasolina y electricidad, favoreciendo el resurgimiento de monopolios; si se perdiera libertad de transitar sin miedo y zozobra, porque el territorio es controlado por el crimen organizado, en lugar de ser regido por el estado de derecho; si el ejército otorgara más protección a estados gobernados por cierto partido; si un presidente considerara a los críticos o como sus adversarios; si se embargaran los bienes, de quien expresa una opinión; si el líder renegara de los beneficios de la transparencia y denostara la misión del instituto encargado de protegerla. Habría pérdida de la libertad de libre albedrío, al verte acorralado a transferir recursos de inversión productiva hacia una rifa de lotería gubernamental; se perdería libertad de contar con árbitros imparciales, en elecciones, reglas energéticas, justicia y derechos humanos, removiendo a funcionarios capaces y autónomos, para imponer políticos incondicionales.

Hasta la próxima semana.



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