Diana Amparo Maldonado Enríquez

Toque de Diana

Economía en tiempos de coronavirus

Hace más de una década, un fuerte tsunami arrasó con las costas del océano Índico. En los videos que se conservan en la imperecedera memoria del Internet, se observa cómo las personas a la orilla del mar miraban con asombro el fenómeno que retrocedía el límite de las olas con la arena. Mientras ellos permanecían con la mirada fija, el mar preparaba el azote que terminaría con la vida de miles de personas destruyendo todo lo que encontró a su paso. Muchas veces la estupefacción nos inhibe de actuar con rapidez.

Las y los mexicanos nos encontramos así, expectantes a la “ola económica” que ya está cayendo sobre nosotros debido al efecto del coronavirus. Hace unos días, la Secretaría de Trabajo y Previsión Social del Gobierno de México declaró que poco más de 346 mil empleos formales se habían perdido entre el 13 de marzo y el 6 de abril de 2020, cifra superior al total de empleos creados durante todo el 2019 (247 mil 431 según IMSS). En pocas palabras: en menos de un mes se perdieron más empleos de los que se habían generado en todo un año.

El comportamiento del empleo en nuestro país es un termómetro de la actividad económica y de la situación socioeconómica de las familias mexicanas. Con esa cantidad de empleo perdido, no puede esperarse más que un amargo trago para muchos hogares. Es inevitable, estimado lector, caer en ese pozo profundo de recesión económica que nos traerá mayor desempleo, bajos salarios y precariedad en el trabajo; sin embargo, algo se puede hacer para salir lo más pronto posible de ese agujero.

Siendo el propio Gobierno de México quien emite esa cifra, es de esperarse una serie de acciones para contrarrestar los efectos negativos. En efecto, el pasado domingo se dieron a conocer “las vacunas” para este malestar económico: proyectos de infraestructura, créditos sin intereses, reducción de sueldos para funcionarios públicos, becas, pensiones y creación de millones de empleos.

Es un acierto pensar tanto en medidas asistenciales como de impulso a la economía, apoyar a quienes ya sufren en su bolsillo las consecuencias del “quédate en casa” y pensar en cómo recuperar la dinámica económica después del aislamiento. No obstante, el cómo se van a lograr estas metas tiene riesgo de no ser efectivo.

Por una parte, nada nuevo bajo el sol. Las pensiones, becas y proyectos del Tren Maya y la refinería de Dos Bocas son acciones que ya estaban pensadas antes de que se presentara el coronavirus en México. La emergencia sanitaria por la que atravesamos, hace las condiciones mucho más críticas, por lo tanto se requieren de acciones adicionales, principalmente para evitar que quienes no estaban en condición de pobreza o vulnerabilidad, caigan en ellas.

Por otro lado, aún no ha quedado claro cómo, después de perder los empleos que se construyeron en un año, se van a crear ocho veces más en un periodo de dos meses. Por el hincapié en las obras de infraestructura, pareciera que serán la vía para generar los dos millones de empleos. Otra opción son los microcréditos que ya prepara la Secretaría de Hacienda para las micro, pequeñas y medianas empresas; esto es adecuado ya que el 95 por ciento de los establecimientos en el país son microempresas y concentran a la mayor parte de los empleos.

No obstante que estas medidas son adecuadas, ¿serán suficientes? Para los créditos a MiPyMes se estima una inversión de 25 mil millones de pesos, mientras que para el Tren Maya en 2020 se presupuestaron 31 mil 471 millones y para la refinería 41 mil 256 millones. ¿Acaso estas dos obras generarán más empleo (formal y permanente) que las empresas? Además, la recesión económica causará una baja en la recaudación de impuestos; por ende, ¿de dónde se piensa financiar estos proyectos?, ¿será la supresión de los aguinaldos suficiente?

La ola que ya nos azota es la de salud, sólo estamos mitigando sus efectos. Sin embargo, aún se pueden diseñar escenarios para que la duración y profundidad del golpe económico no sean tan duros con las familias mexicanas. Sería prudente escuchar una estrategia diseñada con base en datos duros (como los de la STPS) y no malgastar el escaso recurso público en convicciones personales que poco aportan a evitar el desastre.



diamalenri@gmail.com

*Licenciada en Economía por la Universidad de Colima