Fabian Rivera

En Libertad

En libertad…

La semana próxima pasada comentamos cómo a través del fortalecimiento de nuestras instituciones, los gobiernos logran legitimarse y generar condiciones de desarrollo. En términos de Douglass North, “las instituciones proporcionan una infraestructura que sirve a los seres humanos para crear orden y reducir la incertidumbre”.

Adam Smith, a través de su obra, La riqueza de las naciones, llegó a la conclusión de que “las instituciones son factor determinante en el desarrollo económico de un país”. En palabras del doctor Juan González García, catedrático de la Universidad de Colima, “los factores institucionales son los determinantes últimos del progreso económico”, pues son éstos, el mecanismo de control a la concentración de poder que tanto daño ha causado a muchos países y lo está causando en México.

Es Joseph Shumpeter quien incorpora por vez primera el concepto instituciones en la teoría del desarrollo a través de su Teoría del desenvolvimiento económico, en ella afirma que “para alcanzar el desarrollo se deben alterar las estructuras económicas de un país, romper la inercia de la corriente circular para pasar al desenvolvimiento”, a través de ella el autor incorpora la variable innovación como clave de cambio de los procesos económicos.

Aron Acemoglu y James A. Robinson, en su libro Por qué fracasan los países; Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza, señalan que el fracaso o el éxito de cualquier país en materia económica depende del tipo, diseño, calidad y desempeño de sus instituciones, es decir: “cada sociedad funciona con una serie de reglas políticas y económicas creadas e impuestas por el Estado y los ciudadanos colectivamente”.

Dichos autores proponen una fórmula muy sencilla: las instituciones económicas generan incentivos y las instituciones políticas determinan el proceso, es decir, “la capacidad de los ciudadanos de controlar a los políticos e influir en su comportamiento”. De esta forma, las instituciones controlan el comportamiento económico, político y social, mediante incentivos y determinan el éxito o fracaso de los países.

En su tesis, los autores desarrollan dos ideas clave: las instituciones extractivas y las inclusivas. Entendiendo como extractivas aquellas que benefician a las elites y las inclusivas que en pocas palabras son más democráticas y protegen la propiedad privada, pues sin propiedad privado no hay comercio y por ende desarrollo.

Institución Extractiva

De acuerdo con Acemoglu, las instituciones extractivas tienden a la concentración de la riqueza y el poder en manos de una reducida élite, tal como sucede en la mayoría de los países de ingreso medio o bajo llamados también “tercermundistas”. El caso que mejor ilustra este concepto es lo que está sucediendo en México, pues pareciera que el presidente López Obrador está decidido a destruir las instituciones de lo que “sus fantasmas” llaman “neoliberalismo”, que con tanto esfuerzo hemos construido los mexicanos. En ese sentido, Martín Krause, catedrático de la Universidad Francisco de Marroquín, recomienda “mantener la calidad institucional de un país, para que la alternancia de gobierno no perjudique el progreso a largo plazo, ni el peor presidente pueda destruir un país, ni el mejor de ellos encaminarlo sin el acompañamiento de las instituciones”.

Estado rentista

Espero que después de lo acontecido este lunes con los precios del petróleo a nivel internacional, el Presidente de la República por fin entienda que no podemos seguir dependiendo de este energético y eche para atrás los megaproyectos de la “4T”. ¡Qué razón tenía Ricardo Anaya! “El problema contigo es que no entiendes el mundo”.

¡Quédate en casa!

A pesar de todo lo acontecido esta semana, seguimos en pie de lucha contra el Covid-19. ¡Quédate en casa!

*El que suscribe es maestro en Alta Dirección y coordinador local de Students For Liberty.