Fabian Rivera

En Libertad

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La llegada del nuevo inquilino de la Casa Blanca, Joe Biden, puede significar algunas complicaciones para los latinos radicados en este país del norte, y por ende, para los más de 38 millones de mexicanos que, de acuerdo con la Current Population Survey (CPS), se estima que residen en la Unión Americana.
Ya hemos comentado en alguna ocasión, que las remesas son una fuente importante de ingreso para nuestro país, pues de acuerdo con el Sistema de Información Económica (SIE) de Banxico, los ingresos por este concepto a septiembre de 2020 fueron de 3,568 mdd.
Con la llegada de Biden al poder, seguramente se retomará aquella política antinmigrante como “comunidades seguras” (Secure Communities), aprobada e iniciada por la administración de George Bush, pero aplicada con toda la fuerza de la ley durante el gobierno de Barack Obama, en donde también se incrementó el presupuesto en materia de seguridad en la frontera, el número de efectivos de la patrulla fronteriza, así como el número de detenciones y deportados centroamericanos, lo que seguramente impactará significativamente a nuestra mermada economía.
En el informe “Economía de México, 2009” elaborado por la Universidad del Occidente de Ontario (UWO por sus siglas en inglés), se menciona que nuestro país, “ha tenido una historia de crisis financieras recurrentes” debido a deficientes políticas públicas, en materia económica que han ocasionado periodos prolongados de inflación (Cadieu, 2008). De acuerdo con dicho informe, las principales causas de estas crisis son las siguientes: Dependencia con la economía de Estados Unidos, aumento de la competencia de China, inflación creciente, caída en la producción del petróleo, crecimiento de la corrupción e inseguridad y conflictos políticos internos.
Por ello, lejos de tomarlo como un asunto baladí, o preocuparnos por la llegada de Biden al poder, nuestra preocupación debe centrarse en analizar cada uno de estos puntos y empezar a trabajar, para formar una nueva sociedad menos dependiente de los Estados Unidos y del petróleo, y más competitiva, transparente y honesta. Parafraseando a Pierre Bourdieu, debemos “cambiar las estructuras para crear otras nuevas”. Hacer valer nuestra soberanía, pero sobre todo, crearla y construir una nueva ciudadanía. No podemos seguir echándole la culpa al “de a lado” de lo que sucede por nuestra apatía. Finalmente, nosotros somos los únicos culpables por elegir malos gobernantes. 
La misantropía cada día va en aumento, somos testigos de la descomposición del tejido social, y lo vemos con indiferencia, y como dice el politólogo, Héctor Villareal “El tejido social, también se debilita cuando las normas de convivencia ciudadana son irrespetadas y violentadas, y/o cuando las leyes son fácilmente incumplidas”. De esta forma, podemos ver a la población no solo de México, sino del mundo, cada día más indiferente ante los acontecimientos mundiales que nos afectan como sociedad, “el advenimiento del nihilismo” Nietzsche dixit. Recordando las palabras de Michel Foucault en una entrevista que le realizaron en 1967 “Si queremos ocuparnos seriamente de las ciencias humanas, antes que nada, es preciso destruir aquellas quimeras obnubilentes que constituyen la idea de buscar al hombre”.
Debemos trabajar por el México que todos queremos, y construirlo a través de una nueva cultura democrática. Dejar a un lado el chovinismo y verdaderamente trabajar en equipo, construyendo sinergia para generar una nueva Nación. Eso es lo que hará grande a nuestro país, pues de acuerdo con Levi-Strauss “No se puede entender un elemento de manera aislada, sino como parte de la estructura” (citado por Schettino, 2006). Rompamos con esos arquetipos que nos atan desde hace siglos, quitémonos ese estigma del “mexicano con sombrero bajo la sombra del ahuehuete”, y convirtamos nuestro fatalismo en oportunidades.
Ya lo menciona Enrique Dussel Peters, catedrático de la UNAM, “Lo que viene es una nueva civilización transmoderna, y por ello transcapitalista, más allá del liberalismo y del socialismo real. El siglo XXI exige gran creatividad. Es la hora de los pueblos, de los originarios y excluidos. La política consiste en tener “cada mañana un oído de discípulo” para que los que “mandan manden obedeciendo (Dussel, 2006)” debemos entender que necesitamos más de México y menos de Estados Unidos.
*El que suscribe es Maestro en Alta Dirección y Coordinador Local de Students For Liberty.