Diana Amparo Maldonado Enríquez

Toque de Diana

La crisis que sigue

Desde el confinamiento sanitario en mi habitación escribo estas líneas. La pandemia del Covid-19 llegó a Colima. Aunque los efectos sobre la salud pública son claros y contundentes (reducción de la capacidad pulmonar y muerte), la percepción social muestra diversas tonalidades: desde el acérrimo escepticismo que sostiene teorías de conspiración para quebrar la economía mundial hasta la paranoia absurda en las compras de pánico por el papel higiénico.

Ante este escenario, y en consideración de la experiencia de otras latitudes, el Gobierno del Estado de Colima emitió la Declaratoria de Emergencia. Una medida pertinente para evitar el contagio exponencial en la población, ocasionando el colapso del sistema de salud en nuestra entidad. No obstante, la cara oscura de esta decisión es el “sacrificio” de la economía local; puesto que al promover el distanciamiento social, se desincentivan la producción y el consumo. Una decisión poco popular, pero responsable en el largo plazo.

Lo que sí ha evidenciado cruelmente la llegada del coronavirus a nuestro estado, es la precariedad laboral y la vulnerabilidad económica. Somos pocos los afortunados de continuar con una fuente de ingresos mediante el home office; sin embargo, el 52 por ciento de los colimenses trabajan en la informalidad de acuerdo a la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2019. Esto implica un nulo acceso a las prestaciones de ley (como servicios de salud gratuitos) y una fuerte dependencia a los ingresos de su trabajo, los cuales, por cierto, son menores a tres salarios mínimos para el 67.4 por ciento de la población ocupada en el estado. Y a todo esto se le suma un bajo nivel de ahorro en los mexicanos.

Por otro lado, el sector terciario que representa el 73 por ciento del total de la economía colimense será el más afectado; reflejándose principalmente en las empresas dedicadas al comercio y al sector restaurantero y de alojamiento. Si bien las pérdidas económicas serán un trago amargo de la contingencia en las semanas próximas, la exposición al contagio masivo desencadenaría muertes (de los grupos más vulnerables), una enorme carga fiscal para soportar la demanda en el sistema de salud y, en unos cuantos meses, un gobierno sin recursos suficientes para reactivar una economía trastocada por el alza del dólar y la parálisis mundial del comercio.

A corto plazo, es oportuno señalar dos escenarios económicos: durante y después del Covid-19. Aplicar esquemas de apoyo económico para quienes representan la mayor vulnerabilidad de ingresos, aquellos dependientes de comercios ambulantes, para que no padezcan de hambre en este periodo. Implementar un plan de reactivación económica en sectores estratégicos para que se incremente el consumo y la producción después de esta etapa.

Aún más importante, aprender la lección: fortalecer estructuralmente nuestra economía. ¿A qué obedece que más de la mitad de los colimenses que trabajan lo hagan en la informalidad? ¿Por qué el nivel de ingresos es tan bajo para la mayoría de esta población ocupada? Urge generar más y mejores oportunidades de empleo para todos. La detonación del desarrollo económico no puede esperar al siguiente sexenio o periodos electorales, los esfuerzos se requieren cuanto antes. Es tarea de todas y todos prevenir esa crisis, la crisis que sigue.

*Licenciada en Economía por la Universidad de Colima

diamalenri@gmail.com