Fernando F. Velasco Villa

Cada lunes desde algún lugar de Jalisco

RIP MI QUERIDA MAMÁ; HÉROES ANÓNIMOS DEL COVID-19

El jueves 14 de mayo a las 11:42 de la mañana, falleció mi mamá: María del Carmen Villa Patiño de Velasco, a los 99 años de edad, habiendo sobrevivido a mi papá durante casi 15 años, cuando ya habían cumplido 59 casados; profesionista Lic. en Economía, siempre dispuesta a servir, como lo demostró cuando en octubre de 1959 se fracturó una pierna ayudando a los damnificados por el fuerte ciclón que azotó Manzanillo. Recuerdo lo que me confiaba sobre lo que se decía de los precandidatos al gobierno de Colima, cuando cursando yo el sexto de primaria iba a recogernos a la escuela; conservo las cartas que me enviaba cuando ella y mi papá tuvieron que pasar la mayor parte del tiempo en Colima, ella al frente del INPI -Instituto Nacional de Protección a la Infancia (hoy DIF)-; su incansable apoyo en los últimos años de mi carrera, cuando salía yo de casa -en el suroeste de la Cd. de México- alrededor de las siete de la mañana, después de que ella me había preparado el desayuno y acompañado durante el mismo, para irme a trabajar al norte de la ciudad (a la CFE, a General Motors y después a Siemens, donde comía), me iba de ahí a la Universidad Iberoamericana -en el sureste de la ciudad-, donde terminaba clases a las nueve, pero me quedaba una hora más a curso de teología, llegando a casa cerca de las once de la noche, donde ella me esperaba para prepararme la cena y platicar de lo que nos había sucedido (después bajaba yo a platicar con mi papá mientras veíamos televisión). Seguimos en comunicación cuando me casé y me fui a radicar a Ciudad Guzmán, conservo orgulloso junto a mi escritorio, la foto que me mandó cuando mandé imprimir y repartí las “memorias” de su papá, mi querido abuelito Alberto; durante años me siguió poniendo al tanto de las novedades de la familia y cuando se complicaban las cosas en el negocio siempre me animaba. …En fin, tenemos Fe en Jesús: “…el que crea en Mí, aunque haya muerto, vivirá.” Jn, 11, 25 (resultó triste que el día que falleció, como fue en Colima, quise pedir que publicaran algo en el “Ecos de la Costa”, pero durante horas no me contestaron y cuando por fin lo hicieron, me indicaron que sólo podrían poner algo hasta el martes siguiente, …y ya no le vi caso).

Se comenta con razón, la gran labor que realizan doctores (as), enfermeros (as) y personal de limpieza y de seguridad en hospitales; sin embargo, quiero referirme a otros héroes anónimos: decenas de sacerdotes, religiosos y religiosas que han fallecido debido al coronavirus, y a los cientos que han enfermado, jugándose la vida para atender espiritualmente a enfermos víctimas de esta pandemia. La revista española Telva, relata el testimonio del padre Ignacio Javier Ortiz, párroco en Coslada, y desde hace meses, uno de los siete capellanes del mega hospital creado en IFEMA -35,000 metros cuadrados y 1,300 camas-, para acoger el aluvión de enfermos de coronavirus que han saturado los hospitales en la Península Ibérica y que relata sus miedos ante esa nueva misión, cómo ha visto a Dios en todo esto y cómo los pacientes reciben con alegría la atención espiritual, entre tanto dolor y soledad. Platica cómo las emergencias se agolpaban en su teléfono, incluyendo residencias para ancianos moribundos, personas aisladas que se sentían solas y enfermos de su parroquia, cuando le llamaron del Arzobispado para pedirle que se trasladara temporalmente al hospital de IFEMA, donde continúa su loable labor.

Hasta la próxima semana.

ferfvelv@prodigy.net.mx