Diana Amparo Maldonado Enríquez

Toque de Diana

Una cuarentena inútil

Desde el 23 de marzo hasta el 30 de mayo se realizó la Jornada Nacional de Sana Distancia en México. Entre las medidas que propone esta estrategia para reducir la velocidad de contagio del COVID-19 se encontraba la suspensión temporal de actividades no esenciales; particularmente, aquellas que requerían la congregación de un gran número de personas en un mismo lugar.



Las repercusiones económicas del cese de ciertas actividades son alarmantes. Según reportes del INEGI, durante el segundo trimestre de este año el Producto Interno Bruto mexicano se redujo en 18% en comparación con 2019 y un 17% respecto al trimestre anterior; con esta cifra, ya son cinco trimestres consecutivos (desde el segundo trimestre de 2019) que la economía mexicana presenta una tendencia a la baja.



Si bien el PIB nos brinda un vistazo rápido del pulso de la economía, los indicadores de empleo y pobreza nos acercan a las afectaciones en los hogares mexicanos. La Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo del INEGI estima que entre marzo y junio de 2020 7.4 millones de personas perdieron su empleo. Indudablemente la pérdida del empleo tiene como consecuencia una reducción en el ingreso de los hogares; ante esto el CONEVAL estima que el ingreso laboral se redujo en un 6.2% entre abril y mayo de forma que el porcentaje de mexicanos en pobreza laboral pasó de 53.1% a 54.9% en el mismo lapso.



Estos resultados, aunque terribles, no son sorpresivos. Desde el inicio de la cuarentena se planteó un dilema entre salud pública y economía, en el que por supuesto salvar la mayor cantidad de vidas era preferible al rescate económico cortoplacista. Así se esperaba que mientras la economía se contraía también se contrajeran los contagios; nos equivocamos, la realidad es otra.



De acuerdo a datos del Gobierno de México los casos confirmados cada día suman más. En el portal https://coronavirus.gob.mx/datos/ se puede observar la Gráfica de Casos Confirmados que a partir de marzo hasta el 5 de agosto el acumulado de casos incrementa; no obstante, desde el 20 de julio el número de casos diarios comenzó a disminuir. En este punto resulta indispensable replantearnos si es necesario seguir sacrificando las actividades económicas o si podemos lograr una disminución de contagios con otras medidas.



Una de esas medidas es el uso obligatorio del cubrebocas. La Organización Mundial de la Salud recomienda tomar esta acción para limitar la propagación de enfermedades respiratorias causadas por un virus, en particular el COVID-19. En este sentido, el Gobernador del Estado envió una iniciativa de Ley al Congreso local para que el uso del cubrebocas sea obligatorio; si bien esta medida pudiera presentar ciertas limitantes en su aplicación, es una filosofía congruente y respaldada con evidencia científica por lo que no escatimar esfuerzos en su cumplimiento brindaría una gran ventaja tanto en el cuidado de la salud pública como de la gradual apertura de ciertas actividades.



Quizá hemos llegado a un punto en el que sea necesario replantear nuestras estrategias como sociedad mexicana en el combate al coronavirus. La evidencia nos muestra que el aislamiento total no disminuyó la velocidad de los contagios aunque sí causó estragos económicos; mientras que el uso colectivo y consciente del cubrebocas asegura mayor eficacia en materia de salud pública.

diamalenri@gmail.com



*Licenciada en Economía por la Universidad de Colima